martes, 29 de septiembre de 2009

CRONICAS DE LAS MONTAÑAS DE LA SIERRA NEVADA DE MERIDA VENEZUELA

En CARLOS CHALBAUD ZERPA
HISTORIA DE MERIDA
UNIVERSIDAD DE LOS ANDES
CONSEJO DE PUBLICACIONES
1997
Este libro se consigue en libros Google de forma gratuita
CRONICA DE LA MONTAÑA


CAPITULO CUADRAGESIMO SEPTIMO
LA SIERRA NEVADA

LA VOZ DEL CRONISTA

Contaba Tulio Febres Cordero, el cronista por excelencia de las Sierras Nevadas, que el libro inédito de la mitología andina, escrito con la pluma resplandeciente de una águila blanca en la noche triste de la decadencia muisca , cuando la raza zipa, calló humillada a los pies del hijo de Pelayo y los hombres barbados de allende los mares vinieron a poblar las desnudas crestas de los Andes, narra que las hijas de Chia, las vírgenes de Motatán que sobrevivieron a los bravos timotes en la defensa de su suelo, congregadas en la cumbres solitarias del Gran Páramo, se sentaron a llorar la ruina de su pueblo y la desventura de su raza.

La nieve de los años. Como la nieve que cae en los páramos, cayó sobe las vírgenes y las petrificó a lo largo, convirtiéndolas en esos grupos de piedras blanquecinas que coronan las alturas y que los indios venezolanos veneran en silencio, llenos de sobrecogimiento y de terror.

En castillados en sus montañas, maliciosos y desconfiados por naturaleza y siempre en actitud alerta, los indios de la Cordillera vivían como sus primitivos ascendientes. Y así refiere el historiador vernáculo Eduardo Picón Lares, les encontraron los conquistadores españoles, quizás el día siguiente de haber oído por la noche, sobrecogidos de temor, la quejumbre agorera de la paloma, que era para ellos presagio de infortunio y muerte.
Para atacar y defenderse a la vez, prosigue el historiógrafo, construyeron fuertes de piedras en las mesetas y cumbres de los montes, cavaron profundamente sus contornos y anegaron el terreno que los circundaba. Iban a la pelea con entusiasmo patriótico, cantando himnos guerreros, a los que coreaban con ruidosa gritería y celebraban sus triunfos con las mayores demostraciones de contento. Pero cuando salían derrotados, les prendían fuego a sus pueblos, huían a los pueblos con gran abatimiento o se sepultaban vivos en hoyos que abrían en las alturas, donde morían abrazados a sus ídolos. Eran muy ardidosos para la acción, en la que su valor rayaba en la temeridad. Y si hubieran dispuestote armas iguales a las de los españoles les habrían vencido, pues además de encontrarse en su tierra, la que conocían palmo a palmo, sus filas podían llegar a miles de combatientes, aparte de tener catadura resistente y aguantadora y contar con recursos de los que sus enemigos carecían.

Hace relativamente poco tiempo, unos parameños que trabajaban en el mantenimiento del sistema teleférico, y que se aventuraron por estrechos y ásperos caminillos del pico El Toro, jamás explorados, hallaron en una gruta natural vecina a la cumbre, de acceso muy difícil, dos esqueletos de personas adultas junto a otro de un infante.

Los restos tenían cuatrocientos años de edad, y de los dos esqueletos grandes, bastantes conservados, uno pertenecía a una mujer. Un antropólogo de la Universidad de Los Andes, quine examinó los huesos suministrados por nosotros, llegó a la conclusión de que se trataba de seres precolombinos. Junto al macabro hallazgo se encontraron, una vasijita de barro, de incuestionable manufactura indígena y trozos de leña carbonizad, como si hubiesen hecho fuego para tratar de calentarse.

Quién sabe cuál fue el drama vivido por esta familia indígena, hace más de cuatro siglos, en la Sierra Nevad; pues nunca nadie podrá decirnos, a ciencia cierta, si fueron victimas de un crimen por rivalidades tribales, objeto del castigo de un piache iracundo y vengativo, o la resultante del abatimiento que les causó la derrota inflingida por las huestes del Capitán Fundador Juan Rodríguez Suárez, el caballero de la Capa Roja
Quizás esta mujer aborigen, cuyos huesos reposan ahora en la universidad de Los Andes, fue la primera dama que excursionó por la Sierra Nevada.
LA PENUMBRA DEL COLONIAJE

Difícilmente el conquistador se imaginó que aquellas cúspides, resplandecientes en las mañanas de diciembre ante la luz del sol, serían algún día motivo de una codicia diferenta, enaltecedora y sublime.
Los vergeles y las minas que escondían celosamente los filones auríferos se encontraban distantes de los páramos solitarios y las cumbres empinadas.

Los descendientes del extremeño, los hijosdalgo de solar conocido, se dedicaran al reparto de tierras de indios.

“Entre tanto, en la colonia silenciosa, no alumbra el claro sol del medio-día. Ahora hay penumbra. Cirios encendidos. Incensario. Sordo rumor de voces apagada. Como un ronroneo. Son las abejas místicas que están melificando en su oración. Dominicos. Agustinos, jesuitas, monjas clarisas, franciscanos, hospitalarios. Mientras Gavirias y Cerradas se dividen en dos bandos, en indomable pugna por los bienes materiales”

La preocupación científica del Rey de España por los territorios ultramarinos, sometidos a coloniaje, fue escasa.

La América, para muchos españoles peninsulares, es definida en boca de Cervantes, como refugio y amparo de los desesperados de España iglesia de los alzados, salvoconducto de los homicida, pala y cubierta de los jugadores, añagaza general de mujeres libres, engaño común de muchos y remedio particular de pocos.

“No conviene a la corona de España que se ilustre a los americanos” dizque susurraba el Rey Carlos IV.
De esta frase celebre atribuida a dicho monarca se hicieron eco Baralt, Codazzi, Arístides Rojas y Caracciolo Parra, entre otros historiadores. Sin embargo no hay pruebas fehacientes de que el Rey las pronunciase.
Tulio Febres Cordero en una rectificación histórica señala que la imputación es temeraria y no es caritativo agravar más los cargos que justamente le hace la historia por otros respectos y que ya anteriormente hemos señalado.
Y España no manda científicos a ilustrar a los americanos, sencillamente porque carecía de ellos.
Empero, pese a los ataques furibundos contra la corona española de los sostenedores de la llamada Leyenda Negra; y a la defensa, muchas veces demasiado generosa, de quienes compartieron la tesis de la Leyenda Dorada “España, dice Rufino Blanco Fombona, dio lo que tenía. Pobre fue siempre en hombres de Estado en hacendista, en buenos y pulcros administradores de la cosa pública; fértil en burócratas inescrupulosos, en jueces de socaliña, en oligarcas que pusieron sus conveniencias por encima de la conveniencia de al Nación ¿Cómo iba a darnos España lo que no tenía? ¿Cómo culpar a los conquistadores de ser como por herencia, por educación, por tradición, por oficio, por época y por medio tenían que ser?”

Y Angel Grisanti señala que algunos historiadores tratan de explicarse el atraso científico de Venezuela, recordando las opiniones de Humbolt, José Domingo Díaz y Morillo, acerca de la inclinación de los venezolanos a la política y a las empresas guerreras, rasgos morales estos que predominan sobre cualesquiera otros del espíritu; pero proceso orgánico, o ígnea fragua igualmente, de cuyo seno surgieron, para deslumbrar a la América y al mundo, los insignes guerreros, estadistas y políticos que, capitaneados por Miranda, Bolívar y Sucre, con su ingenio, su heroísmo y su desinterés forjaron la enmacipación del continente, y mostraron con la reunión del Congreso de Panamá principios más avanzados sobre su arbitraje obligatorio, y nociones más amplias y humanas sobre el derecho de gentes.
Andrés Bello, además, podría por la universalidad de sus conocimientos, resarcir y justificar ese pasado oscuro y anónimo de nuestro país en el régimen colonial. Un genio no se forja sino en siglos y Venezuela engendró por lo menos cuatro hombres geniales en el siglo décimo octavo: Miranda, en la diplomacia y la política; Bolívar en la guerra; Sucre en la estrategia y en la administración, y Bello mismo en la literatura y en las ciencias. Diríase que tanlarga gestación fue necearia para tan descomunal alumbramiento.
el gran ausente.
La conquista de las cumbres de la Sierra Nevada fue realizada, en el transcurso de un siglo, por naturalistas que no ascendían solamente por el placer de hacerlo.
Todos ellos fueron amigos o herederos espirituales de un hombre. que el 5 de julio de 1799 se embarcó, siguiendo las huellas de Colón, para descubrir e investigar las tierras del otro lado del océano, cuya naturaleza había quedado ignorada desde su Descubrimiento. " Fausta fecha en la historia de las ciencias cuyas metas son la investigación del Cosmos"
Este personaje extarordinario, que apasiona a sus contemporáneos europeos y los hace viajar a las regiones equinocciales del Nuevo Continente es el Barón de Humboldt; sin objeción, el sabio más eminente que nos haya visitado. Esta acotación -anota uno de sus admiradores - tendrá sólo relevancia puramente especulativa si no la demarcara un señalamiento para nosotros superior; Humboldt ha fundado el estudio de nuestra tierra y, en cierta forma, nos ha enseñado a amar esa tierra. este hecho le confiere una vecindad familiar que lo hermana a la geografía de nuestro espíritu.
Pero Humboldt, quien vista Cumaná, la península de Araya, las misones de los indiso Chaimas, el Valle de caripe y las cuevas de Guácharo ; se embarca hacia La Guaira; vive en caracas y asciende a La Silla en compañía de su inseparable colaborador Bonpland; aquel sabio que conoce luego los valles de Aragua, el Lago de Tacarigua, el Samana de Guere y Puerto cabello; y sigue hacia el Orinoco por la vía de Villa de Cura, san Juan de Los Morros, El Sombrero, Calabozo y san fernándo de Apur; este científico eminente que remonat el Río de las Siete Estrellas hasta llegar a los más inaccesibles raudales, no visita a Mérida por una contingencia que lamentaremos siempre.
Como una queja silenciosa y elocuente, allá en la Sierra Nevada, quedaron los picos Humboldt y Bonpland, emergiendo de La Corona; reconocimiento al sabio que desdeñó la cita, y sin embargo se ha quedado con nosotros para la eternidad.
CODAZZI Y LA LIBERTAD
Originalmente el pico Bolívar era denominado insdistintamente Concha, Peineta y Columna. La actual Concha, para entonces, recibía el nombre de La garza. Posteriormente se reservó para el hoy pico Bolívar el nombre de La Columna y sin que sepamos por qué, La garza pasó a ser denominado la Concha o Nieve Encerrada.
el primer explorador que contempló en todo su explendor las dos cimas gemelas de La Corona lo fue el Dr. Alfredo Jahn, cuando pisó la cumbre de pico espejo en 1910 y las designó con los nombres de Humboldt y Bonpland. jahn acometió el ascenso del Humboldt en 1911, baut izó su glaciar principal con el nombre de Sievers y aseveró haber llegado a la cima. este escalamiento fue puesto en duda por mucho tiempo, en base a una relación del baqueano Francisco Araque quien lo acompañó en la expedición. Araque, hasta el momento de su muert, negó la ascención de Jahn. En 1915 el Dr. Jahn intentó escalar el pico Bolívar desde pico Espej, por la cresta suroccidental, siendo detenido por la segunda torre.
el Dr. jahn dejó importantes obras científicas sobre geografía, glaciología, etnología y botánica, así como trabajos acerca de alpinismo y excursionismo.
Entre los hombres notables que encaminaron sus pasos hacia nuestras montañas, en los albores de la República, figura el ilustre geográfo italiano Agustín Codazzi, quien estuvo en Mérida en el mes de diciembre de 1830. Midió la altura de El Tor, escribió un detallado estudio geográfico de la provincia y dejó una bien lograda descripción de la ciudad de los Caballero, que aparece en su obra " Resumen de la Geografía de Venezuela" hecha en París en 1841.
"Los picos de esta tierr, dice el Coronel Codazzi, al referirse a la cordillera merideña, coronados de eterna nieve, las grandes masas de granito que salen de sus flancos cortados perpendicularmente y la gigantesca mole esta majestuosa sierra, le dan un aspecto imponente. Sus blancas cimas a veces cubiert as de nubes, a veces relucientes con los rayos del sol, o envueltas en la niebla que las hace aparecer y desaparecer en pocos instantes, todo ocurre a dar a la sierra un carácter bello y sorprendente"
"Mérida enfin, por los terrenos ricos que posee, por su clima sano, pos su posición casi en el centro de la provinci, en el camino que va a las demás de la república, será algún día una de las más florecientes ciudades del inerio, cuando la riqueza de los particulares haya proporconado caminos para facilitar el tránsito, y que los grandes bosques estén cubiertos de haciendas y poblaciones"
La geografía de Codazzi afirmaba Enrique Bernardo Núñez, es ya la de un país que ha conquistado la libertad de comercio y aspira al fomento de su bienestar por medio de las ciencias y las arte. Se escribe para mostrarle, apropios y extraños, suelos y producciones tan variadas que sólo necesitán de inmigraciones para convertirse en grandes emporios. Un país de tan excelente posición geográfica, con tantos puertos y bahía, reclamaba voluntad, acción creador. El destino históric, decía en síntesis aquella obra, es inseparable del destino geográfico.
CAPITULO CUADRAGESIMO OCTAVO
LA CONQUISTA DEL PICO BOLÍVAR
BOURGOIN, EL VIEJO
Ras Codazzi visitarán a Mérida Linden, el recolector de orquídeas, el dibujante Bellermann, el botánico Moritz, el geográfo Karsten quien publica sus observaciones en el boletín de la Real Academia de Prusia y el geológo Buch, quien también escribe un relato sobre los Andes de Venezuela, en 1850, en la Revista Alemana de Geología.
Pero es un francés residenciado entre nosotros, el profesor Pierre Henri Georges Bourgoin, quien en 1868 realiza la primera expedición formal a la cima del pico El Tor, que según creían los moradores de la ciuda, era el más alto de todos, por hallarse enfrente a la mesa.
Hijo de un oficial de Napoleón I, nacido en el castillo de Lamarthonie en la Dordoña, en los aledaños de Saint Jean de Col, estudio historia natural, matemática, farmacia en Perigueux y París y, a mediados del siglo XIX se aposentó en Mérida, contrajo nupcias y fundó un honorable hogar. Dio clases en la Universidad; instaló una boticaque también sirvió d enfermerí, catedra, y tribuna; promovió una fábrica de crveza y ensayó satisfactoriamente la elaboración de vino con pulpa de caf; adquirió el primer microscopio que se conoció en la ciudad y gracias a su iniciativ, fue instaladoel reloj público en la torre de la catedral. Además de todo esto, ascendió a la Sierra Nevada y publicó, en 1870, en la revista "La Vargasia" órgano de la sociedad de Ciencias Físicas y Naturales de Caraca, sus importantes observaciones botánica, barométricas y climatológicas.
El viejo Burgoin departe con lso naturalistas llegados a Mérida allende los mares, con sapiencia y sencillez, sobre los más variados temas que la ciudad condensa admirablemente.
Como dijera el meritorio profesor de la Universidad de Mérida, el Dr. francisco Valery, " los libros, las flores y las combinaciones eran la preocupación del Dr. Bourgoi; deseaba siempre saber y transmitir sus conocimientos a ls demás; no conoció nunca el egoism; quería apropiarse a la naturaleza misma para ofrecer a la juventud estudiantil; en cualquier parte formaba su catedra; a las márgenes de un río, en una de nustras alturas, en las calles de nuestra ciuda; en fin, en donde su vista alcanzaba una de esas obras grandes por lo pequeñas de la naturaleza".
" La ciudad atrae. Es propicia a los hombres de talento y de cultura, escribe atinadamenteeñ historiador de su Casa de Estudi. Cartas que tardan meses, viajeros que emplean otro tanto en sus idas y venidas, informan sobre la villaacogedora. Nuevos conquistadores del espíritu se arriesgan por selvas y serraní, esguazan ríos y trepan la cordillera hasta la cima de los páramos, a fin de dar satisfaccióna sus anhelos de mayor saber"
Grabados en la viva roca, enlas cumbres exelsas, quedaron los nombres del celebre pintor y ornitólogo Anton Goering, del notabilisimo geográfo Wilhelm Siever, del entomólogo Hammel, del orquidiólogo Arnold, del botánico Goebel, del naturalista Mendenburg, del botánico y ornitólogo Mauquerin, del viajero Kirchberg, del observador científico Gigaul, del sociólogo Julio Cesar Salas, del literato Samuel Dario Maldonad, del escritor y médico Diego Carbonell, del esclarecido hombre de ciencia Alfredo Jahn quien conquistó la cumbre de La Corona y la bautizó con le nombre de Humboldt, del dibujante Sánchez Felipe y del geólogo Blumenthal.
El Dr. Blumentha, ascendió a la Sierra Nevada en febrero de 1922. Era un científico de nacionalidad suiza que publicó un trabaj, poco conocido, sobre sus experiencias alpinísticas. Como en ese entonces no existía la carretera trasandina, inaugurada en 1925, llegó a Mérida a lomo de bestia procedente de Valera.
Fue el primer alpinista que, solitariamente, pisó el glaciar de Timoncito y escaló un pico de la cresta del macizo de La Columna que denominó Las Hermanas. En aquella época existían muchas cornisas de nieve y glaciares colgantes, y si Blumenthal no logró llegar a la verdadera cumbr, hoy pico Bolívar, su ascención fue una gran proeza.
El Dr. P.H.G Bourgoin falleció cargado de años y de méritos, en 1913. Para entonces, un nieto suyo, inquieto, tenaz, obstinado e inconforme , asiduo oyente de las lecciones del abuelo de barba blanca en la Botica Francesa, miraba las montañas extasiado. Para esa misma época, un zagal robusto, nacido en Los Nevados, en la otra vertient,comtemplaba también las montañas con singulara rrobamiento. El destino y el bronce los unirían perdurablemente, y la historia recogerá sus nombres: Enrique Bourgoin y Domingo Peña.
BOURGOIN, EL JOVEN.
Enrique Bourgoin - dirá más tarde uno de los rectores ilustres de la Universidad de Los Andes - es una figura recia y contradictoria, enhista y combativ. Personalidad de múltiples facetas la de este servidor de Mérida en su casa de Estudios: naturalista de vocación y de linaje que bebió en la fuente sabia de su abuelo, el botánico experto que se sembrón en Venezuela como recio y pródigo samán; de este le vino el amor por la tierra y por la cienci: por eso Enrique Bourgoin amó a la Sierra con mágica pasión, conoció sus vericuetos y la cumbre más altasintió su huella de vencedo. También fue polemista iracundo y alternó e lides de letras con Pittier, Jahn y Vinci; irascibke boticario respetado por gentes del pueblo a quienes solía dar medicians y consejos; entusiasta bolivarian, procuró con acciones enaltecer aún más la egregia figura del Padre de la Patria. Era hombre empecinado en sus ideas que no daba su brazo a torcer y cuya energía y vigorosa estampa, personalidad original. siempre será recordada en esta su Mérida nativa.
Como tampoco puede ser silenciado en nuestra Universidad la cual supo de su voz alta y sapiente enla Catedra de Botánica. Catedrático responsable, no solo dio clases magistrales y dejó escuela en nuestro medio, sino que en las horas duras del Instituto, en su época de menguados recursos tuvo el desprendimiento de colectar plantas a sus propias expensas para enriquecer el laboratorio de botánica. Los caminos de San Jacint, Chama, La Otra Banda, Tabay y Mucuchíe, vieron pasara este maestro apasioand, enamorado d ela naturalez, al frente de su esperanzada caravana de alumno, que le seguía descifrando los secretos de las plantas, los tesoros de la geografía y la belleza oculta en los paisajes recónditos.
! VIVA EL LIBERTADOR!
Por allá en el año de 193o, un grupo de jóvenes merideños, aquienes llamó la atención el interés demostrado por los científicos y alpinistas extranjeros por la cumbre del pico Bolívar, decidió también atacar al gigante dormido, no solamente por afición deportiva, sino para que sirviera de pedestal a un monumentodel Libertador que se colocaría en su vértice. El grupo consigió en Enrique Burgoin un director infatigable. y en Domingo Peña un guí noble, generoso y desinteresado.
Domingo Peña estaba totalmente compenetrado con la Sierra Nevada. Sabía de memoria todos los senderos que a ella conducía, y la Sierra parecía como si se hubiese hermanado con él, legándole su asombrosa fortaleza.
Se constituyo así una Junta Pro Monumento al Libertador en el pico Bolívary, año tras año, con Burgoin como jefe de expedición y Peña en calidad de guí, exploraron. insistieron y hasta se desconsolaron.
Los nombres de los compañeros de Bourgoi, que circunsatncialmente lo siguieron en la empres, han quedado escrito en las páginas de la crónica de la Sierr: Antonio Uzcátegui Burguera, Carlos Quintero Delgado, Nestor Ruiz Dávila, Clímaco Carmona, Ramón Cordid, José Gil Manrique, Emilio Carmona, Ezio Chitraro, Humberto Arria, Pablo Paredes Vivas, W Luthy, E Smith, Virgillio Febres Jelambi. Juan Rivero Ferro, Helmut Muler-Thyssen, E. U Lehmann y Heriberto Márquez Molina.
Bourgoin no era un verdadero alpinistasino un explorador embargado por el patriotism. Si hubiese poseidoese exto sentido que se le desarrolla a los alpinistas académicos, sin lugar a dudas habría coronado la cumbre en sus primeros intentos, pero carecía de escuela y de equipo adecuad, lo que hace más admirable su hazaña.
Bourgoin no desmaya en la empresa. Explor, expone la vida, desanda lo andado, marca nuevas ruta, improvisa tiendas de campaña, fabrica los implementos alpinísticos en las herrerías de Mérid; escribe en la prensa de la Villa y de Caraca, polemiza, discute e insiste; y con una tenacidad verdaderamente asombrosa logra al fin, el 05 de enero de 193, satisfacer sus anhelos.
Hay gloria en las alturas.
Domingo Peña, por deferencia de Bourgoin subió primero a la aristacon el pabelón venezolano en sus rudas manos.
Allá quedaron como testimonio irrefutable del triunfo, un pequeño busto en bronce de Bolívar para señalar el sitio del pedestal y el documento manuscrito que Burgoin portaba consigo y que ostentaba su firma.
El texto manuscrito reza de la sigueinte manera:
De las excursiones que tuvieron por fin conquistar la cima de este Pico, que lleva el glorioso nombre del Libertado, la única que persiguió un fin patriótico fue llevada a cabo por un grupo de jóvenes venezolanos que se constituyeron en Junta, para levantar en esta máxima altura un monumento al Grandioso Hombre de América.
Como Presidente de esa Junat me propuse conquistar esta cima para pedestal del bronce de aquel que nos hizo libre, y después de cuatro excursiones logré alcanzarlas, dejándo sobre ella este pequeño bust, testico elocuente del triunfo. Al mismo tiempo, sobre la testa formidable de la mayor de las águilas blancas de la leyenda indígena, ondeó el glorioso pabellón que nos legarón los que en el cielo azul de nustra américa trazaron la vía lactea d elas libertades. En esta serranía está representada esa vía en cada una de las cinco águilas blanas: Venezuela en el "Bolívar", Colombia en el "Toro", Perú en el "El León", Ecuador en "La Concha", Y Bolivia en "La Corona".
Y en aquellos dos gémelos que emergen como dos colosos del blanco hielo y que los parameños llaman " Nievede Apure" están representados el León de Castilla y el Cóndor de Los Andes.
Al triunfo del andinismo patrio sobre el alpinismo extranjero contribuyó con amor y con valor dignos del elogio y de la historia, el guía Domingo Peña.
¡ Viva el Libertador!
Enrique BOurgoin, Presidente de la Junat Pro Monumento al Libertador en el "Pico Bolívar" de la Sierra Nevada de Mérida.
El pedestal soberbio había sido conquistado aquella mañana, en una víspera de Reyes.
Heriberto Márquez Molina, un aficionado sin entrenamiento que acompaño a Bougoin y Peña hasta cierto punto en la expedición, no alcanzó la cresta final del pico y por consiguiente no llegó a la cumbre. Así nos lo manifestó una vez en carta autógrafa que conservamos; y el silencio de Bourgoin hacia su persona en el documento es elocuente.
Tres lustros más tarde, relata el escritor Pbro, Dr. Pedro Pablo Barnola S.J "El 19 de abril de 1951 tenía lugar en nuestra Patria un hecho que, aun cuando pequeño en su manifestación externa, encerraba un innegable simbolismo de íntima, recia y trascendental significación y enseñanza, tal vez no previsto ni imaginado por quienes lo realizaban.
El lugar era lejano e inaccesibl, y tanto que se cuentan sólo por decenas los esporádicos y audaces que rara y ocasionalmente logran posar su planta sobre aquel pedazo casi inviolable del territorio nacional.
En la mañana de ese 19 de abril, un grupo de jóvenes valientes, de seguros pulmones y tensa musculatura, pero sobre todo de corazón borboteante de cálido patriotismo Y de mente prendida en fulgores del más plausible de los ideales, jadeaban decididos por las empinadas laderas y desafiaban impertérritos los riscos y ventisqueros de la Sierra Nevada de Mérida. Las huellas que formando estela sobre el vellón de nieve que arropa aquellas cumbres, señalaban la ruta hacia el picacho más excelso de la crestería, eran, al mismo tiempo como el signo que refrendaba a cada instante la realización tesonera e indeficiente de una noble empresa, que tras largos afanes y dificultades, veían al fin a punto de definitiva consecución.
Y, exactamente, según lo previsto, a las once de aquella mañana, una hora antes de que el sol, en mitad de su esplendor, cercara con el propileo de sus mejores rayos el pico más alto de la orografía nacional, que se encumbra orgulloso a cinco mil seis metros m+as por la emoción que por el desfallecimiento de la fatigosa jornada – erigían sobre aquella ariscada cumbre el busto venerado del Libertador. Resonaron con vibraciones de incontenible fervor las notas de nuestro Himno Nacional. Flotó enseguida al aire el purísimo y regocijado tricolor patrio saludando con el ondear de sus pliegues al Héroe y a la Nación, y las manos ateridas pero prontas para el entusiasmo, palmotearon en un aplauso enardecido que debieron recoger y amplificar en un como diálogo de ecos, en cadenas y sin fin, la peñas y gargantas de la serranía………..”

El Dr. Enrique Bourgoin, una vez conquistada la cima en 1935, probablemente volvió a ascender en 1938, cuando fue colocado un documento, de puño y letra suya, firmado con el seudónimo de Juan del Timoncito. Una afección cardiaca lo inhabilitó para nuevas escaladas. Falleció en Mérida, a los setenta años, en 1961.
El guía Domingo Peña, quien era coetáneo, se mantuvo activo como guía hasta el 30 de abril de 1953 cuando acompañó a la cumbre a Margueritte Cordier, T.B. Gaudin y Alejandro Luciano Bernardi. Contaba entonces 63 años de edad. Sobrevivió a Burgoin 16 años, dejó de existir en 1977, a los 86 cumplidos.
CAPITULO CUADRAGESIMO NONO
ALPINISTAS ACADEMICOS
WEISS Y GUNTHER

Quintino Sella, hombre de ciencia y apasionado de la montaña, fue quien a imitación de los ingleses fundó en 1863, el Club Alpino Italiano. Este organismo alpinístico promovió, en 1904, la formación de una sección especial para el adiestramiento de alpinistas sin necesidad de guías montañeses, que fue denominada Club Alpino Académico Italiano.
A mediados del siglo XIX, surgieron en Europa todos los clubes alpinos como el siciliano, el austriaco, el alema, el suizo, y el francés y a comienzos del siglo actual también constituyeron especiales secciones de expertos académicos.
Dichas asociaciones elaboraron técnicas especiales de escalamiento y perfeccionaron instrumentos tales como las cuerdas, los picos, los crampones para el hielo y clavos para sujetar las cuerdas a las rocas.
Una vez conquistadas las más altas cimas de los Alpes, y enriquecidas las técnicas, los alpinistas europeos se dirigieron a las cumbres de otros continentes, como los Himalayas y los Andes.
Los elevados riscos merideños recibieron en le año 1936 la vista de uno de los alpinistas académicos que más recuerdos ha dejado en nuestra historia montañera; el Dr. Franz Weiss.
Médico culto, viajero incansable, alpinista consumado, apreciador justo de las cosas y dotado de una audacia y temeridad ante el peligro a toda prueba.
Nació en Munich, donde estudio medicina. Trabajo después en compañías fruteras y petroleras de Honduras, Guatemala y Venezuela. Vivió en Mérida de julio a diciembre de 1931 y en la Universidad de Los Andes revalidó su título el 5 de diciembre del mismo año.
Posteriormente se nacionalizó venezolano.
Se dedicó en Alemania al deporte del alpinismo con verdadera pasión en la época de su juventud. Realizó numerosas ascensiones a los Alpes y fue miembro del “Akademischer Alpenverein” de Munich desde 1919.
A la Sierra Nevada le hizo tres intentos, todos fructuosos; y cuando los problemas profesionales lo alejaron de Mérida y le limitaron el tiempo del cual disponía para dedicarse a sus exploraciones, siempre añoraba con nostalgia los días y las noches pasados en la soledad de la montaña presente y lejana.
En febrero de 1936 culminó la cúspide del pico Bolívar, acompañado por el guía Domingo Peña. Fue esta la segunda ascensión a la máxima cumbre, efectuada por una nueva ruta, diferente a la transitada por Burgoin.
En febrero de 1938 volvió a coronar la misma cima, esta vez en unión de los doctores José Ignacio Baldó, conocido médico residente en Caracas, y el Sr. E. Chenery inglés de Trinidad. Días más tarde, en compañía del notable alpinista inglés y geólogo Dr. A. E. Gunter, escaló cuatro de las cinco torres que comprenden la cresta terminal suroccidental del pico Bolívar, incluida la propia cima, que es la sexta. Solamente el pico del Vértigo, aguja rocosa de forma bastante atrevida y muy insinuante, así que llama la atención ya desde la ciudad de Mérida por su extraña silueta, resistió el embate de los osados alpinistas.
En esta misma expedición, en compañía del mismo Gunther, y conducido por el guía Domingo Peña y el baqueano Ventura Sánchez, fue el primero en pisar el picacho La Garza del glaciar de La Concha, a 4922 metros de altura. Como hecho curioso y simpático, en esta no fácil ascensión los acompó hasta la arista terminal, con las patas escoriadas por las cortantes rocas, un perrito parameño, fiel camarada del guía, denominado "Caribe".
“Caribe” no quiso, de ninguna manera renunciar a pesar de sus múltiples andanzas alpinistas, a la gloria de un primer escalamiento. Siguió “sencillamente” a los expedicionarios, escribía Weiss en un relato publicado en Alemania, y hasta hoy continúa siendo un misterio como pudo engañar a los rocosos escalones de los filos.
Weiss retornó, con verdadera pasión, a su amada montaña en 1941; esta vez estuvo acompañado por los señores Von Hoefft y Richetti, ambos austriacos y pertenecientes al Deutscher Alpenvercin. Con estos dos experimentados alpinistas académicos logró coronar nuevamente la cumbre del pico Bolívar por una variante de la ruta de la pared Sur.
Intentó entonces atacar nuevamente el pico del Vértigo, pero una repentina nevada, seguida de neblina y viento huracanado, lo hizo desistir de tan arriesgado propósito.
Quedó pues la cuarta torre, el desafiante y terrible Vértigo, aquella soberbia cresta dentada, esperando a un conquistador, que tardaría muchos años en trepar hasta su punto culminante para vencer su arrogancia.
Como ya lo hemos señalado, entre el pico Espejo y la aguja terminal del Bolívar existen cinco torres rocosas interpuestas y atractivas, además de ser muy difíciles, que constituyen la cresta sur occidental del macizo de la Columna. Esta fue la ruta que equivocadamente, le pareció al Dr. Jahn como la más lógica para alcanzar la cima en el año 1915 y por supuesto fracasó.
El Dr. Blumennthal, geólogo suizo antes mencionado, en febrero de 1922 denominó a dichas torres Las Hermanas y pudo subir a una de ellas en una escalada solitaria. El suizo Luthy y el inglés Smith , a principios de febrero y marzo del mismo año, 1931, Enrique Bourgoin y Domingo Peña en febrero y marzo del mismo año y los suizos Muller, Thyssen y Lehmann con Bourgoin y Peña en 1933, intentaron la misma vía en un vano afán por coronar la cúspide de La Columna, llegando estos últimos hasta la tercera torre.
En 1938 el Dr. Weiss junto con Gunther, como hemos dicho, conquistaron cuatro de las cinco torres y llegaron al pico Bolívar después de bordear la cuarta: el temible Vértigo.
En 1951, quien esta crónica escribe, en compañía del excursionista Luis Sánchez alcanzó la quinta torre desde el mirador de la ruta Weiss y la bautizó “La Salle”.
Ocho años más tarde, el mismo cronista de las Sierras Nevadas, cuando acompañó como guía a dos alpinistas holandeses, pudo escalar la cresta, partiendo del pico Espejo, hasta culminar la ascensión en la tercera torre, donde halló una estatuilla de porcelana de Simón Bolívar, manufacturada en Alemania, depositada en al primera torre por Luthy y Smith en 1931 y trasladada hasta aquel punto más distante por la expedición de 1933. El inexpugnable Vértigo fue definitivamente escalado en 1962 por tres miembros de la expedición de Sir Douglas Busk: George Band, David Nott y José Antonio Uzcategui Salas.
No es totalmente fácil explicar la irresistible atracción que la montaña maravillosa ejercía sobre los alpinistas académicos; pero procedente de Londres, el Dr. Gunther regresó a la Sierra nevada en 1940. Entonces realizó una ascensión solitaria a la cumbre del pico Bolívar y luego subió por primera vez a la cima del abanico. (4900 m) y a la cúspide del Bonpland.
En Inglaterra, a su regreso, publicaría un trabajo en The Alpine Journal con excelentes mapas de la Sierra nevad, que se considera modelo en su género.


DAMAS EN LA SIERRA NEVADA

La primera dama que trepo a los heleros de el pico El Toro lo fue la señorita Livia Franco, en unión de su padre, el militar, farmacéutico y alpinista Dr. Juan Pablo franco Lizardo. En esta expedición efectuada en enero de 1923, participaron también el Sr. Rene Buner Pablo Celis Briceño, el Dr. Ernesto Bellard y su esposa Mercedes Pietri de Bellard.
Otra expedición, también hacia las nieves del Toro lo fue la señorita Livia Franc en unión de su padre el militar, farmacéutico y alpinista Dr. Juan Pablo Franco Lizardo. En esta expedición efectuada en enero de 1924, y sin tampoco llegar a ninguna cumbre, fue la realizada por las señoritas Josefina Celis Briceño, Auristela Celis Briceño, Clara Vivas Briceño y Marta González Uzcátegui. En esta excursión participaron también el pintor y escultor Marcos León Mariño, Juan de Dios Celis Paredes, Antonio Gutiérrez Arellano, Pablo y Enrique Celis Briceño y Alberto Salas.
Había entonces hermosas extensiones de hielo y nieve en el flanco posterior del pico El Toro. Mariño tomo excelentes fotografías de las damas en el ventisquero. Cuando fueron reveladas en Mérida y pasadas de mano en mano, lenguas viperinas y mentes envidiosas inventaron que las arriesgadas señoritas con este fin desde la ciudad habían en realidad retratado sobre blancas sabanas que habían llevado consigo y con este fin desde la ciudad.
En 1923 volvió a la sierra Nevada la señorita Marta González Uzcátegui esta vez en compañía de de Angélica Ramírez Euben González, Valentina Tabaschi y otros excursionistas cuyos nombres no conservamos. La expedición tenía por meta el pico Bolívar sin que sus miembros pasasen de las estribaciones del pico Espejo y llevaban por guía al guía Domingo Peña. Eisten fotografías de esta ascensión.
Diez años más tarde en 1942 nuestras montañas nevadas fueron visitadas por los famosos alpinistas suizos Federico Marmillod y su esposa Dorly, miembros del Club Alpino Académico de Zuric. Fue ella la primera dama que escaló la cumbre del pico Bolívar además de realizar la segunda ascensión al Abanico.
De aquella celebre ascensión, en la cumbre del Bolívar, quedo retratado que le tomó su esposo; aparee Dorly sonriente, vestida con atuendo alpino, con la cuerda atada a la cintura, y muestra triunfante, en su mano derecha el bustillo del Libertador dejado por Burgoin en la primera ascensión.
Los Marmillod fueron unos enamorados de las altas montañas de la América meridional. En el año 1943, el celebre matrimonio alpinista, en el curso de una interesante campaña escalo en la Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia, sucesivamente EL Guardián (5285 m), el Cristóbal Colón y el Simón Bolívar (5.775 m), La reina (5.535 m) y el Simona (5.6660 m)
En 1948 formaron parte de una expedición del Club Académico de Zurich que conquistó varias cumbres en la Cordillera Blanca del Perú, comprendidas entre las 5.500 y los 6200m de altitud.
Sin ningún género de exageraciones debemos confesar que la señora Marmillod, la muchachota suiza buena moza, como solí recordarla el guía
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